12 mayo, 2016

Visibilizando el dolor

Las enfermedades invisibles

By Meritxell Terrón Paz In Sociedad

Si me faltase una mano o fuese en silla de ruedas, no tendría la necesidad de hacer este reportaje. Probablemente estaría denunciando otro aspecto de mi enfermedad que pasa siempre por alto a aquellos que no la padecen.

Pero no es el caso. Tengo las dos manos y puedo caminar con normalidad. A simple vista no me pasa nada, soy una persona más, con mis defectos y virtudes.

Aunque no es exactamente así. Yo también tengo una enfermedad crónica que me condiciona, que me ha hecho cambiar de vida de manera radical, solo que no se ve. Es una de las llamadas “enfermedades invisibles”. Y qué bien le han escogido el nombre.

Los síntomas se han gestado a fuego lento, algunos desde que nací, otros desde que tenía quince años y los últimos desde que cumplí los veinticinco.

Cuando en la asignatura de educación física no rendía como el resto de mis compañeros no pensé jamás que fuese por una enfermedad. Ni siquiera cuando mis compañeras de balonmano le decían a la entrenadora que me tenía que pasar algo porque no podía lanzar el balón como ellas. Simplemente creía que en la repartición de habilidades yo me había quedado con las mentales.

El deporte nunca ha sido lo mío, y ha quedado patente. Mi cuerpo no fue hecho para el ejercicio físico. Ninguno, de ninguna clase.

Imaginaos que subir un tramo de escaleras, solo uno, os deja sin aliento. El corazón os va a mil. Tenéis sudores. Y pensáis: «Solo tengo veinticinco años, ¿cómo será cuando tenga cincuenta?».

Visibilizando el dolor

Fotografía: Jordi Terrón | Cada noche duermo totalmente a oscuras. Tapo todas las luces, en especial las azules, ya que la enfermedad hace que el descanso no sea completo. Todas las mañanas me despierto rendida, como si hubiese corrido una maratón el día anterior.

Vivo atrapada en un cuerpo vago, como suelo decir, pero es mucho más que eso. No solo es vago, es un cuerpo lleno de dolor.

Después de subir ese tramo de escaleras digo yo que tendréis que hacer más cosas, ¿no? Fregar los platos, hacer la comida, ordenar el piso… esas tareas diarias que uno hace sin pensar.

Yo no puedo hacerlas.

Sí, tal cual. Muchos de los que me leáis estaréis pensando que exagero. Pero de verdad que no es así. Tengo la mitad de energía que una persona normal. El especialista me ha dejado claro que debo ser consciente de mis limitaciones físicas y no gastar las energías que no tengo.

Como si fuese una batería. Si gasto la de hoy, consumo también la de mañana. ¿El resultado? Dos días en cama, sin poderme mover, como si hubiese corrido una maratón distancia ironman. Y todo eso por fregar los platos y barrer el suelo.

No puedo hacer una vida normal. No puedo ir a comprar, me marean los olores químicos y mis piernas no soportan estar tanto rato de pie. Ni ir a centros comerciales. Bueno, voy, pero acabo con una migraña que me obliga a acostarme a oscuras.

Visibilizando el dolor

Fotografía: Jordi Terrón | La sensibilidad química múltiple provoca migrañas, mareos, náuseas, visión borrosa… Desde el agua del grifo hasta los perfumes pueden provocarme una crisis.

La más invisible de las tres enfermedades es la sensibilidad química múltiple. De hecho, es la que menos se conoce, pero fue la primera que me diagnosticaron (más o menos).

Resultó que estar cuatro meses en cama con vértigos, muchísima fatiga y unas migrañas que me daban ganas de meterme una bala en la sien eran el resultado de una intoxicación alimenticia continuada. Yo qué iba a saber que no podía tomar ni lácteos, ni tomate, ni ochenta productos más.

Fue dejar todos los alimentos altos en histamina y mejoré como por arte de magia. Volvía a ser la de siempre, con mi energía de costumbre.

Pero la alegría duró poco. Un año después otros síntomas habrían salido a la luz: dolores intensos en el estómago que me obligaban a acabar en urgencias, más cansancio, muchos dolores en las articulaciones…

 

El peregrinaje por los médicos ha durado seis años. Seis largos años en los cuales las pruebas salían bien, los médicos me decían que todo era normal, que yo era normal. Pero los dolores y el cansancio continuaban, e incluso iban a peor.

Por suerte, una eminencia en fatiga crónica y fibromialgia descubrió mi historial médico después de que un compañero suyo me dijese que no padecía este síndrome. Sin embargo, el doctor Fernández Solà sabía lo que tenía.

Me concertó una visita con él. De primeras no me dijo nada, solo me explicó que había encontrado mi expediente y me hizo varias pruebas en la misma consulta: equilibrio, reflejos, fuerza… Me pesó y luego me apretó en varios puntos de las articulaciones. Todas me dolían; algunas, a rabiar.

Nunca nadie me había hecho tantas mediciones distintas. Después me sentó y me dijo lo que por fin estaba deseando oír.

No era normal. Las pruebas que me habían hecho el resto de médicos estaban bien, pero eso no indicaba que yo lo estuviera. Simplemente aquellos doctores no sabían dónde mirar y este sí.

Me lo explicó todo, menos cómo sería mi vida a partir de entonces. Y no lo podría volver a ver hasta un año después, ya que ese servicio médico es concertado y la sanidad no permite que nos visiten más a menudo ni que tengamos un control como es debido.

Visibilizando el dolor

Fotografía: Jordi Terrón | La terapia psicológica es imprescindible. Los doctores temen que me quede sin motivos por los que vivir, así que tengo terapia grupal cada semana e individual una vez al mes.

Cuando te dicen: «Tienes una enfermedad crónica. Nunca vas a mejorar, pero tampoco empeorar» no eres capaz de entender lo que significa. Toda tu vida vas a estar así. Ni mejor ni peor.

En eso se equivocaba. Sí que podía estar peor. Cuando el doctor me visitó no sabía (o no me lo dijo) que la enfermedad aún no había alcanzado su madurez.

Tardó medio año más y entonces se estancó. Desde aquel momento, hace ya un año, es oscilante. Hay temporadas mejores y otras, peores. Pero siempre dentro de un rango en el que nunca volveré a ser la de antes.

Quizá esta es la parte más difícil de asimilar. Ya no podré hacer lo que hacía antes.

Ya no puedo salir con normalidad a comer con mi mejor amiga sin acribillar a preguntas al camarero sobre qué lleva esto o aquello. Y cuando escoja un plato me llegará y contendrá alimentos de mi lista negra porque el camarero se habrá equivocado y no podré comer nada de toda la carta. Es una historia totalmente real.

Visibilizando el dolor

Fotografía: Jordi Terrón | Desde septiembre hasta ahora he perdido 7 kilos. No he hecho nada especial, pero mi cuerpo no absorbe como corresponde y quema los alimentos como si hiciese deporte intensivo. Toda la ropa me queda grande; me hice tres agujeros en el cinturón y me seguirían faltando dos más.

Las relaciones de pareja tampoco están hechas para alguien como yo. Las personas de mi edad que conozco que padecen este trío de enfermedades comentan lo mismo: ¿cómo vas a poder tener una relación normal en estas condiciones?

Encontrar a alguien que comprenda lo que sufres, que acepte ayudarte en todas las tareas que no puedes realizar, que entienda que no puedes salir a dar una vuelta, que cenar fuera es complicado, que las muestras de cariño van a ser escasas… es bastante complicado.

Pero ayuda mucho poder contar con alguien que te apoye y te intente hacer más llevadera la enfermedad, que trate de animarte y darte motivos para sonreír. Sé que a veces cuesta entenderme, sé que no es fácil comprender un dolor y un cansancio que no se ven, así que tiene mucho mérito querer compartir el trayecto con alguien enfermo. Con alguien como yo.

Sin embargo, que me dejasen cuando estuve convaleciente durante cuatro meses por ser “muy aburrido estar conmigo” no ayuda, y menos si eso fue antes de que la enfermedad llegase a su punto álgido.

Aquella ruptura me llevó a urgencias. El dolor psicológico se volvió físico cuando mi cuerpo produjo histamina como reacción a lo que sentía.

Probablemente el dolor sea lo que llevo mejor. Los calmantes ayudan, la verdad. Antes me despertaba y me acostaba llorando por el dolor que sentía, en especial en las manos, que ni las podía cerrar.

Ayer incluso me dio un tirón en el hombro lavándome la cara, para que os hagáis una idea.

Como he dicho, los calmantes ayudan, pero no eliminan el dolor. Vivo con el dolor a diario, todo el tiempo. Me duele todo, desde los pies hasta los párpados. Pero es un dolor tolerable, puedo soportarlo.

Visibilizando el dolor

Podréis imaginar que no me apetece mucho sonreír cuando tengo que controlar que el dolor no me supere. Siempre tengo la mente alerta para detectar qué me duele y cómo aliviarlo, cómo hacer que no vaya a más.

Pero sonrío. Y lo hago por los demás, no por mí. Porque no quiero que se preocupen, que sufran por mí, ni mucho menos que me compadezcan.

Es cierto, es una putada y yo no elegí esta enfermedad, pero es lo que hay. Me han tocado estas cartas y no voy a dejar la partida. Haré lo que pueda con ellas.

No, mejor dicho, lo haré lo mejor que pueda.

 

Solo si me conoces mucho o vives conmigo sabrás cuándo sufro. A los demás seguro que os engaño con facilidad.

Mis compañeros de piso con solo mirarme ya saben cuándo no me encuentro bien y me ayudan a llevarlo lo mejor posible. Somos una familia diferente.

Mi hermano también lo sabe, nadie me conoce mejor que él. Y por eso me ha ayudado a hacer este reportaje con su sesión de fotos.

Mis padres, cada uno desde su casa, se preocupan por mí, han aceptado mi enfermedad y me intentan ayudar todo lo que pueden.

El resto de mi familia lo entiende cada uno a su manera. A veces es difícil de comprender. Aunque ayuda que no sea el único miembro que la padece.

Mi mejor amiga también se ha implicado y me intenta animar para que no me rinda.

 

La lista de personas que mantienen una amistad conmigo pese a mi estado de salud es más bien corta. Antes tenía varios grupos de amigos, salía muchísimo, era muy extrovertida…

Pero poco a poco fui cerrándome. Cada «no será para tanto», «sube andando, que solo es una planta», «yo también estoy cansado y no me quejo», «siempre te pasa algo» hace que mentalmente los vaya tachando de la lista de personas que me caen bien.

Me he vuelto una persona solitaria, muy casera, que disfruta de la compañía ajena en su justa medida. Probablemente debería salir más, hacer nuevos amigos e intentar retomar la vida justo donde la dejé, pero no siento la necesidad de socializar.

Visibilizando el dolor

Fotografía: Jordi Terrón | Trabajar desde casa me facilita poder hacerlo a mi ritmo, sin estímulos externos que alteren mi enfermedad. Necesito acondicionar mi lugar de trabajo para no acabar agotada ni dolorida. También trabajo fuera de casa y es muy complicado encontrar un puesto de trabajo que me permita rendir.

Estoy cómoda sin darle acceso más allá de la primera capa al resto de personas, que solo conozcan mi faceta profesional o cuatro pinceladas de mi personalidad.

No tengo miedo ni vergüenza de hablar de mi enfermedad. Si fuese así, no sería capaz de escribir este reportaje. Decir que tengo fibromialgia, fatiga crónica y sensibilidad química múltiple no es lo mismo que dejar que alguien conozca en profundidad cómo soy ahora, todo lo que siento y sufro.

Te lo puedo contar en estas líneas, pero hasta que no lo veas por ti mismo/a no sabrás cómo es realmente, todo lo que significa para mí.

Visibilizando el dolor

Fotografía: Jordi Terrón | Cada día me tomo 5 pastillas (calmantes, una para no producir histamina endógena, ácido fólico y la anticonceptiva para regular las hormonas). Además, cada dos semanas tengo que tomarme la vitamina D (bebida) y vitamina B12 (inyectada). Mi doctora de cabecera se encarga de llevarme el control, pero no es una especialista en el tema y hace lo que puede.

 

Hoy es 12 de mayo, el Día Mundial de la Fibromialgia y la Fatiga Crónica, dos enfermedades que van de la mano. No se sabe sus causas, aunque probablemente sean a raíz de una modificación genética.

La primera crea un dolor desmedido y sin motivo, tanto óseo como muscular. La segunda, como su nombre indica, provoca un cansancio injustificado continuo, probablemente por una producción incontrolada de ácido láctico (la sustancia que provoca las agujetas).

Todo son especulaciones, ya que las pruebas tradicionales no muestran nada anormal. Tampoco la sanidad tiene mucho interés en nosotros. Somos más de dos millones en España, muchos aún sin diagnosticar. Pero es una enfermedad difícil de detectar y multidisciplinar. Tiene los ingredientes perfectos para que no convenga ni investigarla ni tratarla porque es cara desde el punto de vista administrativo.

De hecho, algunos médicos me confesaron que les han pedido que no nos diagnostiquen. Así, sin más. Les sale más a cuenta tenernos dando vueltas por el sistema sanitario en busca de una respuesta que nunca llegará.

 

Por eso, hoy quiero dar a conocer qué implica la fibromialgia, cómo cambia radicalmente la vida de las personas que la padecemos. Quiero reivindicar cómo la sanidad nos ha dejado de lado, cómo la sociedad no nos comprende.

Necesitamos que esta enfermedad sea tratada por los medios como merece. No es psicosomática, no me la invento, no quiero llamar la atención de nadie.

Los programas que hablan de temas sociales, como Salvados, deberían dedicarle un espacio para darle visibilidad. Lo intentamos. Desde varias asociaciones hicimos la petición al programa, pero dijeron que no les interesaba el tema.

Tiene que formar parte de la agenda política. ¿Por qué a la sanidad no le conviene que nos traten? ¿Por qué somos los leprosos del siglo XXI?

 

Ya sé que no voy a vivir una vida normal. Sé que el resto de mis días voy a tener que convivir con esta enfermedad. Pero, al menos, me gustaría que fuese lo más llevadero posible y poder contar con la sanidad y la sociedad como si fuese otra enfermedad más, como la diabetes, el Crohn o la esclerosis.

Mi enfermedad es invisible, no hagas que yo lo sea también.

16 Comments
  1. Gustavo Macher Manzano 12 mayo, 2016

    Vaya! No veas cómo se me ha quedado el cuerpo después de leerte. Ya me habías explicado antes, en parte, los problemas que te acarreaban tus enfermedades, pero al leer esto, me he metido por un momento en tu piel y he sentido todas esas “molestias”, y entrecomillo la palabra porque he podido sentir mucho más que simples molestias. Deseo de corazón que consigas que se os oiga y que se empiece a luchar contra estas terribles enfermedades, o, al menos, contra sus síntomas, pues nadie de tu edad (ni de ninguna edad, pero menos con la tuya) debería padecer ese tormento. Mucho ánimo, y a seguir luchando, porque cuando no queda otra, hay que sacar fuerzas de donde sea para seguir adelante. Y no te limites a sonreír para los demás, sonríete a ti también y sonríele a la vida, que la felicidad interior sea el motor que te de alas para seguir soñando con un mundo mejor, con una vida mejor… Un fuerte abrazo!!

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  2. Maribel 12 mayo, 2016

    Ánimo Meritxell, no estás sola! Y no te rindas nunca, eres muy joven. Podrás con ello. Mucha fuerza!

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  3. Lucia Gil Dominguez 13 mayo, 2016

    Es una enfermedad , que te va cambiando todo los ánimos y las ganas de luchar , cosa que poca gente se imagina y como te ven bien por fuera , no se imaginan lo duro que es y como desanimas a los de tu alrededor y los cambios de humor que te dan son , bestiales hasta el punto , de no conocerte ni tu misma ;y los que ahí a tu lado te dejan o se enfadan .que ganas tengo de que tengan una solución , para ir mejorando !!! ,
    _,

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  4. maira sevilla 13 mayo, 2016

    Meritxell, después de llorar, no lo he podido evitar..lo siento. Lloro de rabia, de impotencia. Haces bien en manifestarte y movilizarte, es muy importante y haz que casos como el tuyo se denuncien, que la sanidad cambie, que seamos más solidarios. Que tu dolor no borre JAMAS tu sonrisa, eres joven, eres muy guapa y al igual que otras enfermedades que no tenían cura vamos avanzando..pese a las trabas y pocas ayudas
    que tienen en la investigación. Lucha y movilizate, que éste sea el inicio de tu lucha y desde aquí te envío toda mi energía para que te ayude a sobrellevar el dolor y los malos momentos. NO te rindas por favor.

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  5. Luisa Gil 13 mayo, 2016

    Pues tu enfermedad “invisible” se ha mostrado y me ha invadido, se ha materializado en un personaje que se ha introducido en mi ordenador, luego en mi mente, casi en mi cuerpo. He estado recorriendo con él tus minutos de dolor, tus noches en vela, tus agujeros negros… Pero desde la distancia, te he visto. No, no eres invisible, todos te vemos, todos estamos contigo.

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  6. Amparo Sanchez Camara 13 mayo, 2016

    Yo voy a escribir poco porque tampoco tengo fuerzas para ello.solo decirle que yo la entiendo porque yo estoy igual que tú dolorida todo el cuerpo y super cansada ,pero esto la gente no lo entiende si no lo tiene.y en mi casa tampoco lo entienden mucho.y los médicos tampoco hacen caso de esto mi médico me dice pues cuando estes cansada no hagas nada.no tienen herramientas para esto.en fin es lo que nos ha tocado pero tela marinera . Bueno pues animo no estas sola.

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  7. Claudia Souto 14 mayo, 2016

    hermoso lo que escribís, hermosísimo! Soy Claudia, tengo SQM, SFC Y FM desde que tengo uso de razón y vivo en Montevideo, Uruguay. Milito por nuestros derechos. Me doy contra muros, paredes y molinos de viento. Lloro de bronca e impotencia pero, al igual que tú, sigo adelante, pasito a pasito, día a día. Sólo nosotros sabemos lo que es nuestra vida. Y es poca la gente que empatiza y nos acompaña. Me hizo bien leerte, me hizo sentir que no estoy tan sola. Me gustaría compartir nuestras experiencias! Te dejo mi correo: profeclaudiasouto@gmail.com. Te abrazo!

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  8. Toni 14 mayo, 2016

    He leído, vuelto a leer de nuevo y no puedo dejar pasar la oportunidad de comentar lo que pienso acerca de tu reflexión plasmada en éste artículo. En primer lugar, y como aclaración, soy una persona que lleva sufriendo dolor desde los 25 años (en la actualidad tengo 49), padezco una enfermedad autoinmune que me produce unos episodios continuos de dolor intenso que limitan en gran manera desarrollar mi vida normalmente. Dicho esto, comprendo tu situación actual y que te encuentres en el estado anímico que detallas, pero no puedo dejar de imaginar si yo hubiera actuado de la manera que tú lo haces, nunca hubiera conseguido llevar una vida ¿normal?
    Frente al dolor, malestar general, cansancio, agotamiento… tomé la decisión de soportarlo y nunca exteriorizar mi estado. Decidí que ya que tenía que vivir con ello debía intentar llevar una vida lo más normal posible, aprendiendo a soportar el dolor y trabajando como lo haría cualquier persona normal. Sólo en el ambiente más cercano han conocido mi situación real y nunca he permitido que se compadecieran de mi situación.
    Ante las adversidades la persona debe crecerse y superarse “poder es querer” ese ha sido mi lema en mi vida y puedo asegurarte que funciona, la autocompasión no lleva a nada bueno sino a la degradación personal.
    Tengo un par de amigas que padecen fibromialgia y sin embargo nunca se han compadecido por ello, su afán de superación en el trabajo, en la familia, en sus amistades les han llevado a tener una vida normal, un ejemplo a seguir.
    Te animo a que lo intentes, verás cómo las relaciones personales y laborales mejoraran gratamente y te verás capaz de aumentar tu autoestima, y repito: “PODER ES QUERER”

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  9. Isabel 14 mayo, 2016

    Ey! Meritxell, mujer valiente y resiliente. Resiliencia la capacidad de adaptarse y sobrellevar y crecer en la adversidad. Tu la tienes, lo has hecho, lo estás haciendo. Este artículo es un ejemplo, algo que puede ayudar a muchas personas.
    Te comprendo tanto…
    Hay frases que pones,que yo repito diariamente. Yo ahora tengo diagnósticadas dos enfermedades de sensibilización central, fibromialgia y fatiga crónica. Pendiente de diagnóstico de sensibilidad química. He estado años con sintomas, dolores itinerantes, rigidez en manos, pies y piernas, dolor de manos, agotamiento y dolor generalizado…y me toco un reumatólogo que decía que esto no existia, que era psicosomático o artrosis o aviso de menopsusia. No sabia si reír o llorar.
    Ahora pasé por el H. Clinico, después de una trocanteritis, y también me diagnóstico el Dr. Fernández Solá, pero porque pedí visita a Barnaclínic y pague. La medicación similar y la alimentación lo más desintoxicante y ecológica posible.
    Y luego baños calientes con sales Epson, hidroterapia, automasajes con aceite de arnica que me pongo antes de dormir, masaje de manos y duermo con guates de algodón, incorporación de hierbas y especias como la Cúrcuma, etc…cada cual sabe lo que le va bien.

    Meritxell, no estas sola. Somos muchas y la ayuda mutua es una gran apoyo.
    Gracias por tu artículo y un abrazo

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  10. Irene 14 mayo, 2016

    Ay, que me has hecho llorar! Te quiero tal y como eres. Solo con tus esfuerzos diarios, el ir y volver a un puesto de trabajo, el hacerme de cenar mi comida favorita y un largo etcétera hace que seas admirable. T’estimo, Zape!

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  11. Juani 14 mayo, 2016

    Hola, no nos conocemos de nada, pero conozco la historia. A nivel de dolor no tanto quizas como tu, todo lo demas me suena. El dia que entendí que nadie que no lo sufra a no ser que te quiera mucho se pondrá en nuestro lugar, acepté que me da igual lo que piensen los demas. Mi ritmo es el mio y al que le apetezca que se una, no hay mas. Acepta la realidad y podras deshacerte de ella. Rodeate de buenas emociones,de buena gente, no sufras por lo imposible, desintoxica tu cuerpo y cuida tu alimentacion. Suerte Meritxell. Juani.

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  12. josefina Toribio Lopez 15 mayo, 2016

    Hola guapísima no se puede explicar mejor y mas alto tu lo has dicho solo espero que te lean tantas personas y se toquen el corazón.
    Yo la padezco empeze con 44 años y tengo mucho que contar por mi edad y experiencias vividas .
    Solo se que después de ser empresaria tuve que dejar todo y luchar como guerrera tiniendo
    Que modificar todo mi ritmo de vida con tres hijos dos mayores y una mas pequeña seis años.

    Es cierto que necesitamos un tratamiento y mas investigación
    Lucho cada día mas porque mi inquietud son mis hijos y familia esta enfermedad.
    También es hereditaria
    Conozco varios casos
    Tengo dos tías que la padezen .
    Animo corazón y a todos-as .un
    Saludo

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  13. Mari 16 mayo, 2016

    Animo campeona!!! La vida está llena de baches pero con tu actitud los superarás todos… muchos besos

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  14. Mia 18 mayo, 2016

    Hola, estoy afectada también por estas enfermedades del Síndrome de Sensibilización Central. Te escribo tras leerte porque me ha llamado la atención que te esten tratando con anticonceptivos pues puede empeorarte mucho, pues el efecto estrogenico en las mujeres es lo que nos hace mas sensibles a padecer estas enfermedades. La epoca en las que yo las tome me fueron muy mal. Cuando se lo comente a Fernandez Solá me aconsejo que no las tomara por esto que te comento. No soy médico solo quería comentarte lo que se por si te es de ayuda.
    Un saludo y ánimo

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  15. José miguel Raigon 22 mayo, 2016

    Aunque no te lo creas eres una persona valiente y fuerte y debes escribir y publicar porque es la única manera de que los que tienen esta enfermedad no se sientan solos , y los que pueden ayudar y curar sientan la obligación y el compromiso .
    Te he conocido y he hablado contigo creo en un par de ocasiones , hace algunos años, y la impresión que tuve es que eres una persona con carácter alegre y llena de vida , no eres una persona que pase inadvertida , no dejes nunca que tú enfermedad te cambie . Sigue adelante y vive siempre con la esperanza , soy de las personas que cree que con la mente se puede hacer mucha fuerza .un abrazo

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  16. estrella 25 mayo, 2016

    Acabo de leerte y me he sentido identificada contigo Despues de meses de ir de un lado al otro me encuentro con sqm fibromialgia y fatiga .Has ta hace 20 dias sospechaba que era algo de los químicos pero no conocía esta enfermedad y mi fibromialgia era una artrosis ,Eres muy joven y muy guapa para dejar que te condiciones asi …que solo lo sabemos lo que los tenemos pero la vida es bonita , sonrie para ti reina y vive…que no estas sola ,,,un besazo

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